Mañana seremos “perfectos”
Nuestra mente nos engaña haciéndonos creer que en el futuro tendremos más tiempo, más energía y más fuerza de voluntad que hoy. Esta visión idealizada del “Yo del Futuro” nos da permiso para fallar hoy, bajo la falsa promesa de que compensaremos nuestra falta mañana. Las fuentes señalan que tratamos a nuestro yo futuro como si fuera un extraño, cargándolo con las consecuencias de nuestras decisiones presentes.
La promesa de alivio y el cerebro estresado
Cuando nos sentimos mal (estresados, ansiosos o deprimidos), el cerebro entra en una “misión de rescate” para proteger nuestro estado de ánimo. Esto activa el sistema de recompensa, liberando dopamina y haciéndonos desear cualquier cosa que el cerebro asocie con el placer, como comida, alcohol o compras,. Las hormonas del estrés aumentan la excitabilidad de las neuronas de dopamina, lo que provoca que las tentaciones sean mucho más difíciles de resistir cuando estamos bajo presión,.
El efecto “Qué demonios” (What-the-Hell Effect)
Este fenómeno describe un ciclo de indulgencia, arrepentimiento y mayor indulgencia. Ocurre cuando, tras cometer un pequeño error en nuestra dieta o meta, nos sentimos tan culpables que decidimos que “ya todo está perdido”,. Lo crucial es que no es el primer desliz lo que garantiza el fracaso total, sino los sentimientos de vergüenza y pérdida de control que le siguen; para aliviar esa culpa, volvemos a recurrir a la misma tentación que nos hizo sentir mal en primer lugar.
El perdón como estrategia de voluntad
Contrario a la creencia popular de que ser duros con nosotros mismos mejora el autocontrol, las fuentes indican que la autocrítica reduce la motivación y es un fuerte predictor de depresión,. Por el contrario, el perdón a uno mismo y la autocompasión aumentan la responsabilidad personal. Al perdonarnos por un fallo, eliminamos la culpa que nos impulsa a seguir cayendo en la tentación, lo que nos permite analizar el error y retomar nuestros objetivos con más fuerza,.